16 abril 2009

Esclavos del s. XXI

Las aves de Esquel se quejaron de esto.


Un estadio circular atiborrado de gente dispuesta a ver el espectáculo, en la Arena rodeada por altos paredones, algunas compuertas se estremecen, a punto de liberar a las bestias que se esconden en la oscuridad de los túneles subterráneos. El palco oficial con la pareja de emperadores se divierte seriamente mientras la gente corea pidiendo que comience el show. Tres rejas laterales se elevan en simultáneo y aparecen otros tantos hombres semi desnudos y temerosos. Sus huesos asoman a través de la suciedad que los cubre. Las heridas sangrantes de los tobillos, muñecas y cuello, supuran una sustancia espesa que se mezcla con la tierra del desierto y sirve de alimento a las larvas de las moscas. Uno de los esclavos se deja caer ante el estridente grito de la multitud, casi desvanecido. Otro se acerca y lo ayuda a levantarse, mientras del lado opuesto de la arena se abren unas compuertas y comienzan a asomar las fieras. Animales que sufren las mismas carencias y privaciones que aquellos hombres, esclavos también, dejan ver sus costillas. Un tigre con una herida profunda en una pata deja un rastro de sangre en la arena, mientras se acerca despacio a los hombres que ven como se aproxima su final. Una multitud observa vitoreando como la manada de tigres, movida por el hambre y el odio a sus opresores, ataca y devora a los tres esclavos. Hombres y animales, ambos privados de su libertad, en un ambiente ajeno a su naturaleza, todos obligados a entregar sus vida por un espectáculo de otros. Una situación tomada de alguna película romana pero seriamente actual.

Hoy Esquel se prepara para vivir una historia tan similar que da escalofríos, La Arena se está montando en Avenida Ameghino, las jaulas ya no retienen a las bestias sedientas, su inquietud delata sus instintos intactos, sus ganas de correr, de sumergirse en el bosque. Todo impedido por la más moderna y permitida esclavitud, la tiranía sobre los animales. Obligados a actuar en un show completamente ajeno a su naturaleza, observado por los mórbidos e ignorantes ojos de la sociedad esquelense que disfruta sin detenerse a pensar en los muertos de su felicidad, en aquellos animales esclavos.


Esta puede ser la última vez que un circo con animales enjaulados venga a instalarse a Esquel, pero va a depender de nosotros.

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