29 agosto 2012

El gran Cóndor Andino



Difícilmente encontremos un ave con más simbolismo que el Cóndor Andino (Vultur gryphus) en nuestro país, de hecho, a pesar de que su distribución no coincide con áreas de gran población como sí lo hace la del famoso Hornero, compitió con éste cabeza a cabeza por el título del Ave Nacional Argentina que fuera otorgado después de una encuesta en instituciones de todo el país allá por el año 1928.

La majestuosidad de los cóndores no se compara con nada y podemos garantizar que cualquier encuentro que uno tenga con un cóndor en libertad quedará grabado en el alma para toda la vida. Pudiendo ser incluso una experiencia transformadora si este encuentro se da en el ambiente y el momento indicado, como en la altura de una montaña alejada de la sociedad.

Para muchos se trata del ave voladora más grande del mundo, aunque ese título está en disputa dependiendo del parámetro que se tome para la medición, habiendo diferentes especies que ostentan el récord de envergadura (la distancia de punta a punta de las alas extendidas), peso o altura. Sin dudas se lleva el primer puesto entre las aves planeadoras de nuestra región siendo mucho mayor que sus parientes más cercanos, los jotes, y que otras especies con las que comparte hábitos como águilas y caranchos por ejemplo.

La cabeza desnuda de los cóndores está contorneada por un collar blanco espumoso que la separa de un cuerpo negro y enorme. Cuando gira en vuelo se le puede ver un manto blanco que tiene en las alas. A diferencia de lo que mucha gente cree, el collar blanco no es exclusivo de uno de los sexos, en cambio las diferencias pasan por que el macho tiene una cresta sobre el pico (inmortalizada por el personaje de historietas Condorito) que la hembra no posee, además de tener esta última los ojos rojos a diferencia de los ojos color café de los machos. Los juveniles suelen ser por completo oscuros de tonalidad marrón, definiéndose el patrón de color blanco y negro en la adultez.

Entre sus características más importantes se encuentra sin duda su tipo de vuelo, el planeo continental, que se basa en el aprovechamiento de las corrientes térmicas y los vientos para desplazarse y ganar altitud con un mínimo esfuerzo, casi sin aletear. Por esto posee unas alas largas y anchas con las que aprovecha al máximo las corrientes de aire caliente ascendente, comúnmente llamadas térmicas, gana altura volando en círculos sobre ellas para lanzarse luego en planeos descendentes con los que ganan distancia hasta encontrar otra térmica o llegar a su destino. Este tipo de vuelo tiene la desventaja que es necesario un clima específico para poder despegar de los posaderos o incluso del suelo después de alimentarse. Para esto último es necesario contar con un viento suficiente que le permita elevarse sin necesidad de aletear demasiado. Del mismo modo, como las térmicas se producen por el calentamiento del suelo a través de la radiación solar, son más frecuentes en horas del mediodía donde esta radiación es máxima, por lo que será más común encontrarlos en vuelo en estos horarios.

La segunda característica clave que describe la vida de los cóndores es su hábito alimenticio. Se trata de una especie carroñera, es decir, que se alimenta de animales muertos y en estado de descomposición. Posee la cabeza libre de plumas, de este modo se mantiene limpia y sin infecciones aún cuando la introduce dentro de los cadáveres putrefactos para alimentarse. Es el carroñero más poderoso de la región por lo que es quien abre los cueros permitiéndole acceder al alimento a otros carroñeros menores como jotes, caranchos, chimangos e incluso águilas. Esta función es clave en los ecosistemas dado que literalmente limpian el ambiente de focos infecciosos, lo que ha servido a los científicos para identificar al grupo al que pertenecen junto con los jotes: los catártidos (del griego kátharsis, purificación).


Los cóndores han sido históricamente eliminados por campesinos y productores, por la falsa creencia de que se alimentan del ganado, cuando en realidad no poseen la capacidad física de cazar, sus garras son débiles, casi atrofiadas, sin posibilidades de agarrar una presa, su pico nunca podría desgarrar carne que no esté en estado de putrefacción ya que es rudimentario en comparación con el de las águilas, por ejemplo, que son aves cazadoras y se alimentan de animales recién muertos. Lamentablemente, la equivocada fama de cazadores que poseen, junto con el envenenamiento que sufren al alimentarse de los cebos que se usan en el campo para zorros y pumas (que sí se alimentan de ganado) hacen que su presencia en la estepa haya retrocedido mucho en el último siglo. Cien años atrás los cóndores sobrevolaban la estepa en toda su extensión llegando incluso hasta la costa del atlántico, hoy su distribución en Patagonia está restringida a unos pocos cientos de kilómetros cercanos a la Cordillera de los Andes. En el norte del continente sudamericano, al límite de su distribución, es tan escaso que está prácticamente extinto de algunos países como Venezuela y Colombia. Si esta tendencia se mantiene es probable que la Patagonia se convierta en uno de los últimos reservorios de cóndores del mundo, estará en nosotros luchar por su defensa y su conservación. Las herramientas de las que disponemos son tan pocas como eficientes, con la educación como principal recurso para que esta magnífica especie, símbolo de nuestra región, sea reconocida, admirada, y cuidada por todos.


 Javier.

1 comentario:

cedelio dijo...

Me pregunto si el hecho de que el hornero le ganó al cóndor tendrá algo que ver conque el ceibo le ganó a otras especies a la hora de ser designado como flor nacional. ¿Es casualidad que tanto el hornero como el ceibo estén en Buenos Aires?

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